Poco a poco las cosas volvieron a su cauce. Las tenues notas musicales brotaron de nuevo afinadas y perfiladas al compás de una melodía incansable y elocuente. La lluvia se transformo en una niebla blanca y fresca, que se fue dispersando a medida que la tarde teñía de rojo el cielo.
Allí estaban las rojas y cálidas sonrisas del verano, las llamas fervientes del crepúsculo otoñal, y las quemaduras inherentes al granizo del invierno. Quizás un poco más frías que antaño, quizás mas controladas que en los inviernos pasados… y sin embargo estaban de vuelta, alimentadas por un fuego interior que parecía desafiar al núcleo ardiente de las estrellas que punteaban el firmamento.
También estaban los niños que jugaban gráciles en el parque con sus padres arropándoles en el calor de sus brazos, y parecían volver a ser felices. Ya no lloraban, ni gritaban, ni se perdían en la estela de una lágrima que palpitaba en el viento.
Que bello sentirlo todo de nuevo…
El tiempo me había jugado una mala pasada, una tirada de dados perfecta que había dado la vuelta a la partida, había tornado las cuentas y ahora tocaba mover a mi ficha de hielo, que al compás de la melodía y con el rugir del viento, comenzaba a derretirse en un baile de lágrimas sin aparente sentido.
De pronto me di cuenta de su ausencia…
La vi tan clara como la más reluciente de las señales, como la más cruda de las realidades. Él no había vuelto, y su marcha ponía en peligro todo cuando tenía de nuevo en mis manos. Su ausencia hacía tambalearse los cimientos de todo cuando era importante para mí.
Pero él no había vuelto,… y parecía no querer volver...
Y ahora por fin… comprobé cuan dependiente de su cuerpo era…
…me había dejado solo…
1 comentarios:
Hola Sergio,
Buscando una imagen he aterrizado por tu blog.
He de decirte que eres muy bueno escribiendo.
Creo que tienes toda una carrera por delante.
No lo dejes muchacho que al final siempre se recompensa una buena labor.
Un saludo
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Gracias por colocar tu gotita en mi charco ;)